jueves, 16 de agosto de 2018

La infancia que se fue

Manual para canallas - La infancia que se fue

Ya no somos los mismos soñadores, el tiempo nos comió el dobladillo de los pantalones cortos. Desde niños ya jugábamos a escapar de la miseria...


Muy seguido en mis sueños me veo jugando con mis hermanos, de pequeños. Aunque a veces sueño que me pierdo en el tianguis. Y trato de gritar pero no me escuchan, no sale ni un sonido de mi boca. Y es entonces que abro los ojos para suspirar el infaltable “no mames, sólo fue un mal sueño”. Uno de mis miedos más frecuentes de la infancia era perderme y nunca regresar con mis hermanos. Aunque mi familia es disfuncional, como suele ser habitual en un país como el nuestro, agobiado por las deudas más comunes. Pero el más disfuncional soy yo, eso lo tengo bastante claro.


jueves, 9 de agosto de 2018

Sueños de utilería

Manual para canallas - Sueños de utilería

Hay mujeres que parecen saber cosas misteriosas que desconocemos, que ya habíamos olvidado o nomás porque somos unos pinches necios...


Esperaba yo recargado en aquel árbol cuando el policía en bicicleta se dirigió a mí. Tuve que quitarme el audífono derecho para escucharle decir algo como “¿no ha visto pasar un perrito negro, joven?”. La verdad es que me intrigó su preocupación, pero no supe darle razón sobre el cachorro. Luego él fue a preguntarle a dos jovencitos que fumaban mota junto a un coche abandonado. No supe si hubo algún intercambio de información valiosa. Pero el poli pedaleó más fuerte rumbo al norte. Y lo perdí de vista mientras sonaba en mi iPod algo de Los Killers. Luego vi a Marilú a lo lejos, con sus botas para la lluvia. A mí no me pareció que el clima fuera a empeorar, pero hay mujeres parecen saber cosas misteriosas que uno desconoce o que ya habíamos olvidado o que no pelamos por pinches necios que somos: "no tarda en llover, huele a tierra mojada" o "los atrapasueños filtran tus pesadillas y mantienen intacta el aura". Y luego te regalan piedras de ámbar para la energía positiva o una caracola "para que oigas mi voz entre las olas". Así más o menos es Marilú o Malú, según quien se refiera a ella. Y siempre me está recomendando música que me suena ajena: Denver, Tame Impala, Two Door Cinema y así. De hecho, me regaló una foto suya con una frase que tomó de una rola de Siddhartha: 

jueves, 2 de agosto de 2018

A veces pensamos en blanco y negro

Manual para canallas - A veces pensamos en blanco y negro

Yo no sé los demás, pero a mí a veces me da por pensar en blanco y negro, como en una película triste o un funeral poco concurrido...


A veces duermo y sueño en blanco y negro, como si anticipara un largo duelo, como si me hubieras dejado un nido de cuervos en la caja torácica.

Y a ti siempre te pienso mientras hago un ave con la sombra de mis manos. Es un ave en cautiverio, que apenas aletea sobre la pared.

Te pienso en la fila del banco, cuando espero mi turno para pagar los intereses y recargos de aquel malviaje por Holbox.

Te pienso mientras me ato los cordones de los zapatos y recuerdo tu terapia de desintoxicación.

Te imagino dormida, como si no fueras consciente de tantas pinches veces que me robaste el sueño.

Te imagino con piedras en la bolsa de mano mientras te detienes a pensar en la profundidad del agua bajo ese puente.

jueves, 19 de julio de 2018

Préstame tu sueño

Manual para canallas - Préstame tu sueño

Somos como esas aves que caen en las banquetas, debido a la maldita contaminación o porque todavía no inventan un anticongelante para el alma...


Siempre he sido un domador inútil y también el león domesticado. Soy un idiota recurrente, un libro sin prólogo ni final. Y estoy harto de los tipos que he sido. He despilfarrado el sentido común, he malgastado la cordura. Mi bipolaridad ha embargado mi sofá y ronca todo el tiempo. Cada vez me parezco menos al tipo que quiero ser y me convierto en lo peor de mí mismo. Hace tiempo una chica me dijo con desenfado “te pareces al Dr. House”. La miré igual que haría el detective malo en una novela de James Ellroy. “Bueno, pero, umm, no físicamente”, se le atoraron las palabras, “quiero decir, mm, que tu forma de ser es muy parecida”. Supongo que se refería a esa jalada de “brutalmente honesto”, así que traté de ser condescendiente. Sonreí como el detective bueno. “No sé si sea un cumplido o una observación, pero odio las comparaciones”, le expliqué. “Lo que te puedo decir es que el Dr. House es embajador de la paz a mi lado”, traté de que entendiera. Claro, soy sarcástico e idiota, todo junto si quieren, menos un tipo simpático. 


jueves, 31 de mayo de 2018

Las encuestas no hablan de tristezas

Manual para canallas - Las encuestas no hablan de tristezas

La tristeza es un sol que no da tregua. Por desgracia estamos expuestos a ella. En este país podrido hasta los malditos huesos, la tristeza ya llegó a niveles alarmantes...


No sé si esté comprobado científicamente pero el calor, este sol insoportable, es caldo de cultivo para todas las tristezas. Todo empieza durante las noches en vela, con la cabeza girando como ventilador, pensando pendejadas. Y sigue a lo largo del día, con la pereza y las ganas de sentarse a la sombra para maldecir el infierno citadino. No sé si alguna investigación de la Universidad de Berkeley lo ha reflejado, pero creo que el jodido calor acentúa las tristezas y sube el índice de suicidios. No lo sé, pero me lo parece. Porque hay una legión de cabizbajos a punto del colapso. Los he visto en los parques, saliendo de la fábrica, caminando por esta y aquella banqueta, en los andenes del Metro, afuera de mi casa, en el cajero automático, subiendo al microbús, allí donde está el Oxxo, en la fila del cine y hasta delante del espejo. La ciudad está llena de cabizbajos y pareciera que estamos a punto de una epidemia de tristeza. Sí, los veo cada día por las calles, por todos lados, rumiando su tristeza, lamentando su mala suerte, quizá sólo pensativos o tal vez con muchas cosas en la cabeza, pero allí andan de un lado para otro, unos con calma y otros no tanto, hombres y mujeres que parecen ir mirando el suelo mientras desmenuzan aquello que les preocupa o lo que les atormenta.