jueves, 18 de enero de 2018

Días que nos traen en chinga

Manual para canallas - Días que nos traen en chinga


Hay días que saben a medicina. Días que huelen a cloaca. Hay días erizos en que pareciera que tenemos un agujero en los bolsillos...


Tenemos los viernes o los domingos y también días que nos traen en chinga, días que nos hacen daño. Así hay días. Grises, grises, que se pasman como un vagabundo frente al aparador de Zara. Hay días también como perros rabiosos, que nos muestran los colmillos y nos hacen temer por nuestra seguridad. 

Hay días del carajo, insoportables. Tanto así que esa mamada del blue monday o "el día más triste del año" no es nada si lo comparas con los martes ojetes o los miércoles de la chingada. 

Por supuesto hay días que vemos pasar como si nada, igual que un abuelo jubilado que cuenta las hormigas obreras del jardín. Y tenemos días que se nos escurren entre las manos mientras añoramos los días de nuestra infancia vacacionando en la playa.

Hay días que no están hechos para el amor, que se duermen demasiado temprano y nos dejan con esta desazón en el costado izquierdo. Hay días indiferentes. Así, simplemente. Días insípidos, insaboros.

Hay días gélidos, tan fríos como el corazón de aquella persona que juraba ser "diferente" y al final se largó como se van l@s culer@s que no saben despedirse: sin cerrar las ventanas, ni clausurar la puerta, sin regresarnos la llave y tampoco la clave del Netflix.


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jueves, 11 de enero de 2018

Anticongelante para el alma

Manual para canallas - Anticongelante para el alma

Sacaré tu imagen de mi espejo, quemaré tu pasaporte vencido y compraré anticongelante para tu alma por si algún día se te ocurre regresar...


No te echaré de menos en marzo y mucho menos en noviembre. No me echarás de menos los sábados de Netflix. No te echaré de menos en las tardes de febrero. No me echarás de menos cuando te regalen chocolates y una taza envueltos en celofán. 

No te extrañaré al despuntar el alba durante el invierno. Ni me extrañarás cuando te frotes las manos debido al frío de tu corazón. No pensaré en ti al transbordar de estación en el subterráneo. Y no pensarás en mí cuando mires por la ventanilla del taxi. Y tampoco te cimbrarán los besos más urgentes al volver de viaje.

No te echaré de menos cuando maúlle Merlín a enemigos imaginarios. No te haré falta cuando saques a pasear a Rizo y Pepper. No nos echaremos de menos cuando el perro olvido empiece a cavar un agujero junto a la sábila en el jardín de la abuela.

En cambio, te extrañaré en el último día del calendario. Y pensarás en mí cada que te masturbes desnuda o te des un baño de burbujas.

Te pensaré de más en tu próximo cumpleaños. Y tú no me sacarás de tu mente cuando te regalen un ramo de azucenas o una antología de poemas.

Te echaré de menos cuando pida nuestro coctel favorito en el bar Milán. Y me añorarás al percibir el aroma a café en aquella mesita de la esquina en la que tallaste con un pasador el signo de infinito.

Pero como bien ha resuelto Dante Guerra, espero que no se te ocurra regresar: 

jueves, 14 de diciembre de 2017

Un recuento de sueños inconclusos

Manual para canallas - Un recuento de sueños inconclusos

Fin de año. Y el recuento de proyectos truncados, de sueños inmóviles, de propósitos no cumplidos. Fin de año y el recuento de calamidades...


Chingó el año. O te chingaste tú solito. O te jodieron hasta el corazón. Fin de año. Se acabó el 2017. Y no fue lo que esperabas. Con un pinche carajo. Fin de año y el recuento de sueños postergados. Los amores fallidos, el alma devaluada, los fracasos recientes, el corazón anestesiado, las horas muertas y los días sin trabajo. Llegas a un punto de quiebre y te preguntas si todo el dolor habrá valido la pena. ¿Dónde quedó aquella pasión por la vida? ¿A dónde fueron tus sonrisas? ¿Qué fue del adolescente que soñaba con tocar en una banda de rock? ¿Qué fue de la chica que deseaba viajar por el mundo? Te quedaste estacionad@ en un sitio que parece no tener salidas de emergencia, en un pueblo fantasma que sólo recorren algunos perros flacos. Y tu panorama es una postal desértica. Trabajas más de ocho horas por un sueldo miserable. Y te aferras a los silencios en busca de respuestas. Eres la imagen viva de la neurosis. La ansiedad se come tus uñas. Jubilaste tu entusiasmo, guardaste la guitarra, la mochila, los proyectos. Y tu madre se congratula de que al fin seas un hombre de bien o una muchacha responsable. "Tan guapo que te ves de corbata", tu abuela te señala en una foto. Tan estúpido que te sientes ordenando balances, archivando tus aspiraciones. "Tan bonita que estás de falda", sugiere tu novio en turno. Y tu maldices el pinche frío. Fuiste educad@ para lo más absurdo: estudiar, conseguir un trabajo “decente”, casarte, tener hijos y soñar con un auto para dejar de viajar en Metro. Y la temporada navideña te recuerda que los rituales de las 12 uvas y sacar las maletas y ponerse calzones amarillos valen para un carajo. Y te emborracharás pensando que te han estafado, mientras te resistes para llamar a tu ex o mandarle un WhatsApp, mientras decides si borras las fotos que aún guardas en el celular. El invierno es un catálogo de deudas, un recuento de sueños postergados. Y quisiéramos ser aves migratorias, para escapar del pinche frío. Como ha descrito Dante Guerra: 

"En diciembre soy un ave migratoria
que sueña cosas estúpidas,
mientras se le congelan las alas. 
En diciembre sólo quiero volar,
largarme lejos de tanta frivolidad".


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jueves, 23 de noviembre de 2017

Dios y el diablo se juegan mi alma

Manual para canallas - Dios y el dablo se juegan mi alma

Tengo un diablo que litiga en mi contra los viernes, mientras Dios está ocupado en demandar a los que lucran con su imagen sin pagar derechos de autor...


Cuando nací el diablo estaba con resaca y Dios disfrutaba de un día feriado. Lo sé porque no era primavera, ni retozaban las jóvenes del verano. Lo sé porque ni un triste cuervo sobrevoló aquellas calles áridas y polvosas de ese pueblo que se da aires de ciudad. Lo sé, simplemente lo sé. Yo nací en una fecha en la que todo mundo estaba abrigado o se quejaba del pinche frío. Por ello es que este corazón gélido tarda en salir de su constante letargo, como si hibernara todo el maldito año. Cuando nací, sólo se escuchaba a lo lejos el uluar de una sirena y el murmullo constante de un hospital saturado.

Cuando nací, había sobrepoblación en la sala de urgencias y de milagro mi madre alcanzó un camastro. Cuando nací Dios andaba con bermudas y sandalias. Cuando nací, al igual que cuando naciste tú, el diablo se curaba la resaca con saldeuvas y algunos pecados. Lo sé porque es momento que ni uno ni otro me han dado acuse de recibo o tan siquiera una copia de la factura. Lo sé por esta suerte mediana que me ha tocado. Aún no me alcanza una bala, pero tampoco me ha tocado la fortuna. Lo sé porque habito en una zona de confort que no tira para arriba y tampoco para abajo. Sé que Dios y el diablo a veces se juegan mi saldo con los dados, de tal manera que a veces termino empatado.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Borrarás los besos y mensajes del teléfono

Manual para canallas - Borrarás los besos y mensajes del teléfono

Está escrito en latín, en arameo y cualquier idioma: siempre estamos coleccionando adioses, somos expertos en dramas y despedidas...


Hombres y mujeres, novatos y veteranos en esas cosas del corazón, todos vamos por la vida archivando adioses. Hay quienes coleccionan llaveros, figuritas de luchadores, coches de bomberos, ranitas de cerámica, ángeles de ornato, cómics de su héroe favorito, películas de tal o cual actor, discos de acetato o juguetes de Star Wars. Yo tengo una maldita colección de adioses. Siempre me estoy despidiendo o me están mandando al carajo, con demasiada frecuencia y de distintas maneras. Yo tenía un puñado de amigos y hoy son olvido. Unos se han marchado lejos, otros se han difuminado como el brillo en los retratos. Aquel que no he visto en un par de años, creo que tiene otras prioridades antes que tomarse un trago conmigo. Aquella se ha casado y sus hijos gobiernan sus horarios. Y el otro creo que ha triunfado y está demasiado ocupado mirándose en el espejo, conviviendo con nuevas amistades y bebiendo en cócteles con el tipo mujeres que siempre nos han gustado. Por lo menos aún recibo alguno que otro saludo de Mariela, quien se casó con un italiano y siempre está prometiendo regresar pronto desde Turín. Yo tenía un puñado de amigos y hoy no tengo un carajo, así que estoy pensando seriamente en comprarme un perro que sacuda la cola y se ponga contento cuando escuche el cerrojo que anuncia mi llegada. Nunca fui muy popular que digamos, mucho menos el tipo simpático de la clase, ni el capitán del equipo de futbol, tampoco el más listo de mi clase, pero tuve la fortuna de hacer algunos buenos amigos en la universidad. Y pasó el tiempo y nos emborrachábamos cada viernes y nos prometíamos lealtad a prueba de tiempo. Pero hoy somos unos extraños, que sólo se mandan felicitaciones en los cumpleaños, que coinciden de vez en cuando, que tienen una lista de deberes que son prioritarios. Sí, yo tenía un puñado de amigos y hoy somos como extraños. No es culpa suya, supongo que es mía. O tal vez de ambos lados. Yo no voy a visitarlos al trabajo, ni hacemos parrilladas los domingos, ni les hablo para ver cómo están los hijos, tampoco estoy pendiente de sus logros, ni ellos leen lo que escribo y les vale madre si hoy estoy deprimido. Yo tenía un puñado de amigos y hoy no tengo un carajo. A lo más que llegamos es a frecuentarnos muy de vez en cuando por el Facebook. Pero tengo algunos conocidos y nos llevamos bien y nos emborrachamos los jueves o los viernes, a veces en sábado. Y hay canciones que siempre nos recuerdan algo. Es verdad, siempre estoy rodeado de gente bienintencionada, de personas buenas y otras no tanto, pero debo confesar que extraño a mis amigos de muchos años.


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