Jarabe para curar la nostalgia

29 enero 2015


La casa de mi infancia ha sido demolida. No sé por qué me preocupa si ni siquiera era mía. Allí vivíamos, ahí pasé algunos años mirando por la ventana, sentado en el quicio de la puerta esperando ver a mi madre dando la vuelta en la esquina como si temiera que la cobardía le atacara por un flanco y la convenciera de que era mejor abandonarnos. La casa de mi infancia, una de las varias en que habité, ya no está en pie. Ese pequeño sitio con un cuarto, una sala-comedor-cocina y un baño insalubre ya fue derruida. En su lugar ahora está un edificio de departamentos algo modernos, demasiado ascépticos. Pasaba por allí el otro día que fui a visitar a unos primos y me di cuenta que el viejo barrio en el que crecí hoy sólo es un álbum de recuerdos. Cambió la escenografía, crecieron los niños, murieron los ancianos y aquellos perros callejeros que eran mis amigos tiraron sus huesos en algún baldío o simplemente desaparecieron en algún basurero. Sí, aquel viejo barrio ya perdió sus costumbres y hoy sólo es un montón de calles y departamentos y plazas comerciales y autos que atropellan a los gatos despistados. Ya no hay terrenos baldíos para improvisar unas porterías y patear un balón. Tampoco está la tienda de doña Lupita, mucho menos la ventanita aquella en la que vendían congeladas de a varo. Debo suponer, porque no me consta, que mis amigos de la niñez ya se han marchado a otros barrios. El Pecas, Verónica, El Monaguillo, Lola, El Popochas y tantos cuatachos que conocí en aquellos días sepa Dios dónde andarán, si serán felices, si me recordarán de vez en cuando.


Cuando los silencios son una plaga

19 junio 2014

Manual para canallas - Cuando los silencios son una plaga


Cuando las dudas te carcomen y te asfixian los nervios porque no te rinde la quincena, quisieras llegar a casa y encontrar algo de solidaridad. Pero tu “amor” está de peor humor que tú y entonces te das cuenta que un maniquí de Suburbia sería mejor compañía...


Como lo hacen ciertas mujeres que crecieron viendo dramas, Mariela quería salir en la televisión. Ella era compañera de mi hermano en un taller de teatro y la conocí en un cóctel que hicieron para celebrar una puesta en escena. 

“Me gusta la manera en que escribes, está tan llena de pasión” o algo así me dijo. 

Yo venía saliendo de una relación muy conflictiva y no caí en el juego de los halagos. Sólo agradecí y me marché tras tomarme dos copas de vino blanco. Un par de meses después me mandó decir con mi hermano que me esperaba en su fiesta de cumpleaños. Como no me interesó, Claudio me insistió un par de veces. 

“Creo que le gustas, porque siempre me pregunta por ti”, aclaró mi carnal. 

Yo tenía dos opciones: o me iba a beber con mis amigos al lugar de siempre o acudía a la reunión de Mariela, así que opté por esto último. De pronto me da por traicionar a mis rutinas. 

El amor es una pésima imitación

12 junio 2014

Manual para canallas - El amor es una pésima imitación


Hay mujeres que fueron educadas para masticarte lentamente el corazón. No es su culpa, desde luego, sólo están caminando en círculos viciosos: demasiadas telenovelas, una familia disfuncional, los consejos de su madre. Y el amor es una pésima imitación...


“Nunca me hiciste feliz y dudo que puedas hacer feliz a alguien. Ojalá que al menos tú puedas ser feliz”. Demasiadas palabras para un simple adiós. Teresa nunca se distinguió por su originalidad. Me dejó una tarjeta rosa y hasta añadió una posdata: “La llave está en la maceta junto a la puerta”. Vaya pista, si todo mundo la deja en ese lugar. Otra despedida en mi historial. Soy un administrador de odios y reclamos, un fabricante de indiferencias. No es gratuito, claro. Crecí como un tipo independiente y me choca que mis días giren en torno al buen o mal humor de otras personas. Y Tere siempre fue experta en situaciones como “tenemos que ir a comer con mi hermana, porque la acaban de despedir y ha de estar muy triste” o algo del tipo “pasas por mí, porque me voy a tomar unas cervezas y no me voy a llevar el carro”. Ella siempre se quejó de que yo era poco caballeroso, “sí, eres muy educado y muy decente, pero una mujer necesita sentirse amada todos los días”. Supongo que se refería a los detalles, las flores, abrirle la puerta del coche, los regalos hasta por el Día Internacional de la Mujer y también acompañarla a cortarse el cabello. Los primeros meses pagas la cuota, pero después te conformas con abrazarla mientras ven una película o con hacerle el amor como si fuera virgen. Pero el romance es una excusa para ocultar los defectos. Poco a poco descubres que tu chica ideal es posesiva, celosa, insegura y también intrigosa. Y es cuando entiendes que tu prima la llame “presumida” o que sus compañeros de trabajo siempre la critiquen y no la bajen de “maldita víbora”. 

La pasión no burocratiza los trámites

05 junio 2014

Manual para canallas - La pasión no burocratiza los trámites


El amor no es un contrato, la pasión no tiene cláusulas y la lealtad no lleva incisos. Ya tenemos demasiados conflictos con el banco, en la casa y en la oficina, como para burocratizar las caricias cotidianas o el cóncavo y convexo en las madrugadas...


No, en verdad que no es necesario firmar un contrato con copia y triplicado cuando dos miradas se confabulan para hacerse al amor, para prometerse pasión eterna y renovar los votos cada noche de lujuria. Ya lo dice muy bien Dante Guerra: 

“Mis caricias más nuevas y lascivas
no cumplen con horarios de oficina,
sólo trabajan por su cuenta
cuando se les antoja o se les da la gana.
Y desnudan tu cintura y recorren tus piernas
sin el hastío de la rutina.
Mis besos más rotundos y eficaces
no necesitan mandarle citatorios
a las curvaturas de tu cintura.
Mis manos ansiosas no hacen corte de caja
ni balances semestrales
cuando se trata de cortejarte.
No, las urgencias de mi sexo explícito
no necesitan mandarte memorándums
cuando se trata de convocar
a una reunión urgente en horas extras.
Las caricias más nuevas y dispuestas
no burocratizan los trámites
cuando se trata de entregarse
a la pasión desenfrenada”. 

Y cada que miro a mi mujer, hoy como hace un año, ayer como hace cuatro, me recuerdo que el amor y la pasión no se han burocratizado, tal vez porque no hemos firmado algún contrato con cláusulas complicadas o trampas ilegibles en letras chiquitas. 

Cuando tenemos el corazón en subasta

22 mayo 2014

Manual para canallas - Cuando tenemos el corazón en subasta


Hay días cobardes, tardes de hastío, mañanas que no prometen nada. Todos los lunes me despiertan las prisas de los niños que llegan tarde a la escuela. Y los claxonazos frente a ese colegio sólo me roban horas de sueño... 


Como cada mañana de principio de semana amanezco más despeinado que de costumbre, será porque el cansancio me sacude mientras sueño con mujeres desnudas, verdaderas, de ésas que nunca son perfectas y sonríen con aires maquiavélicos. Los lunes y los martes no logro concentrarme. Sólo quisiera que mis semanas comenzaran en miércoles. Y que nunca me faltaran cigarrillos, ni canciones de Andrés Calamaro y David Bowie, ni poemas de Ernesto Cardenal, ni las caricias tibias, ni una mirada cómplice, ni tantas cosas que a veces se echan de menos. ¡Ah!, cómo carajos me caen mal los malditos lunes.

>>>