jueves, 31 de mayo de 2018

Las encuestas no hablan de tristezas

Manual para canallas - Las encuestas no hablan de tristezas

La tristeza es un sol que no da tregua. Por desgracia estamos expuestos a ella. En este país podrido hasta los malditos huesos, la tristeza ya llegó a niveles alarmantes...


No sé si esté comprobado científicamente pero el calor, este sol insoportable, es caldo de cultivo para todas las tristezas. Todo empieza durante las noches en vela, con la cabeza girando como ventilador, pensando pendejadas. Y sigue a lo largo del día, con la pereza y las ganas de sentarse a la sombra para maldecir el infierno citadino. No sé si alguna investigación de la Universidad de Berkeley lo ha reflejado, pero creo que el jodido calor acentúa las tristezas y sube el índice de suicidios. No lo sé, pero me lo parece. Porque hay una legión de cabizbajos a punto del colapso. Los he visto en los parques, saliendo de la fábrica, caminando por esta y aquella banqueta, en los andenes del Metro, afuera de mi casa, en el cajero automático, subiendo al microbús, allí donde está el Oxxo, en la fila del cine y hasta delante del espejo. La ciudad está llena de cabizbajos y pareciera que estamos a punto de una epidemia de tristeza. Sí, los veo cada día por las calles, por todos lados, rumiando su tristeza, lamentando su mala suerte, quizá sólo pensativos o tal vez con muchas cosas en la cabeza, pero allí andan de un lado para otro, unos con calma y otros no tanto, hombres y mujeres que parecen ir mirando el suelo mientras desmenuzan aquello que les preocupa o lo que les atormenta. 

jueves, 24 de mayo de 2018

Corazones con forma de cactus

Manual para canallas - Corazones con forma de cactus

Habría que cultivar dardos y regarlos con la amargura de un cupido desempleado, que se tiró al vicio de olvidarte con tequila...


Ella se fue una noche demasiado calurosa. El aire respiraba demasiados infiernos y los gatos se refugiaban en sus propias sombras. Denise me dejó un beso enmarcado en el espejo y la posdata pintada con carmín: "Eres un pendejo". Otra manera de decirme que el día que se fuera me iba a arrepentir. "Tú no sabes ni llover. Eres un desierto inmenso", me reclamó alguna vez que terminamos temporalmente para luego volver a lo mismo. Yo le regalé una canción de Duncan Dhu por WhatsApp: 

"Sin nada casi que decir,
oyendo el ruido del motor. 
¿Te importa si me quedo aquí? 
Hasta siempre, adiós, mi amor. 
Te escribiré adonde estés. 
El sobre irá sin dirección... 
Quisiera ser el que ya fui
y no una sombra tras de ti". 

Hay corazones con forma de cactus, que florecen fugazmente algún verano. Y Denise y yo éramos así: demasiadas espinas alrededor, demasiados pinchazos una y otra vez.


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jueves, 17 de mayo de 2018

La tristeza nos va contaminando

Manual para canallas - La tristeza nos va contaminando

Escribo con ardor de garganta, el corazón en llamas, y me declaro incompetente para entender por qué este país se hunde en la indiferencia...


Escribo con estos dedos huesudos, ya sin tacto hábil desde que las ideas se extraviaron. Escribo con las cuencas vacías, que no saben mirar si no es hacia el abismo. Escribo con dificultad, como si usara una máscara antigases en una película mala. Escribo desde estos paisajes urbanos, tan poblados y al mismo tiempo tan desiertos. Escribo desde esta noche árida, seca como el sonido de las ambulancias, quemante como el dolor de los que lloran a sus desaparecidos. 

Escribo con ardor de garganta, con el corazón en llamas y me declaro incompetente para entender por qué este país se hunde en la indiferencia, por qué se ahoga en oleadas de sangre. Me asumo un incompetente por no comprender que la muerte habla al oído de los adolescentes y viaja en el transporte público.

jueves, 3 de mayo de 2018

El desamor se cura con paracetamol

Manual para canallas - El desamor se cura con paracetamol

Traigo este traje oscuro, impecable. Uno nunca sabe cuándo ni dónde se le torcerá el destino. Ni cuándo habrá de curarse el desamor con pastillas de paracetamol...


Hace tiempo que me tiembla el pulso a la hora de escribir posdatas. Tantos adioses me han traído esta fatiga, este desconcierto o desinterés cuando se trata de dar la espalda a lo que ya se ha ido.

Hace tanto que traigo esta piedra volcánica en el pecho, que se inflama por las cosas más estúpidas o porque llamas a las tantas de la madrugada sólo porque se te dio la chingada gana.

Hace bastantes tormentas que rompí tu foto y la promesa de que nunca te olvidaría. Hace tantas lluvias que se oxidó el marcapasos que pasaste a implantarme el día que te largaste.

Ahora que lo pienso, hace ya muchos lunes que mi dignidad se curó las resacas que me dejó tu pinche olvido. Y hace demasiadas borracheras que no pronuncio tu nombre en mis ronquindos, sólo balbuceo escarabajos de colores que desfilan por mis sueños de realismo mágico.

jueves, 19 de abril de 2018

La tristeza en la suela de tus zapatos

Manual para canallas - La tristeza en la suela de tus zapatos

Había sábados sin días de campo, ni cumpleaños con pastel. Fueron domingos sin retratos con papá. Fueron años que se desgastaron como la suela de los zapatos...


Ayer me vi en el Metro. Me encontré de frente conmigo mismo. Yo no sé cómo se llamaba ese adolescente flaquito, de gafas gruesas y peinado horrible, pero era idéntico al chamaco que fui en mi adolescencia. Era yo ese muchacho que regresaba de la escuela comiendo frituras antes de llegar a casa. Era yo ese Lalo, Irving, Beto, Jorge o Sergio, el chamaquito de pantalones desgastados y tenis sencillos. Era yo ese flaquito, "El Flash" o cómo sea que le digan en la escuela. Me recordé con la misma regla T en la maleta y un chingo de ecuaciones en la cabeza o un libro de cálculo diferencial entre las manos. Era yo ese chamaco al que todos bulleaban por flaco, por tímido, por pobre, por vulnerable y porque rehuía las peleas. Era yo, en el vagón del Metro. Y sentí una infinita tristeza por mí adolescencia, por ese chaval, por todos los flacos tímidos. Era yo hace años, ayer, en el Metro. Y una lagrima traicionera bajó por mi mejilla y transbordó en la estación Hidalgo, mientras recordaba las palabras de Dante Guerra: 

"Cuando éramos chamacos de barriada,
siempre caminábamos sobre el lodo,
para ir hasta la casa de la abuela. 
Y en nuestra cocina había goteras
y escaseaban las provisiones. 
Merendábamos bolillos con café de olla,
mientras la tele nos bombardeaba el antojo,
con sus comerciales de chocolate humeante
y pastelillos cubiertos de merengue".