jueves, 14 de septiembre de 2017

El diablo tiene mensajes ilimitados

Manual para canallas - El diablo tiene mensajes ilimitados
Ilustración: Oscar Altamirano Reyes

“Cada que me sueñes recordarás mi cuerpo desnudo y naufragarás en océanos de fuego, con una bandera rasgada por el viento loco de mi olvido”, escribió Lucía...


"Cada que me sueñes me verás desnuda", me llegó un mensaje de WhatsApp. Era un número desconocido, aunque la frase me sonaba familiar. Regresé una respuesta escueta: "no tengo registrado tu número". La contestación llegó minutos después: "Soy Lucía y estoy en la ciudad. Me gustaría verte, gruñón". Claro, cómo olvidarla. El diablo tiene conexión inalámbrica y mensajes de WhatsApp ilimitados a cualquier pinche hora de la madrugada. Y para acabarla de chingar, es experto en disfraces y robo de identidades. No es el alcohol, ni la soledad, sino el diablo. Hace mucho que no sabía nada de Lucía. Alguien me contó que se había casado y que vivía en Seattle, pero nadie podía asegurarlo. Como sea, la llamada me hizo regresar a la época en que coincidimos como dos desesperados, huyendo hasta de nosotros mismos.


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jueves, 7 de septiembre de 2017

El futuro es un prángana

Manual para canallas - El futuro es un prángana
Ilustración: Oscar Altamirano Reyes


Nuestro futuro está empeñado, mientras los políticos y los gobiernos no dejan de estafarnos. Sí, nuestro futuro es un prángana. Y tenemos un socavón en el alma.


En la primaria llevaba un suéter remendado de los codos y una torta de huevo para el recreo. En la prepa compraba libros reciclados. Y en la universidad viajaba en peseros que siempre asaltaban. Tampoco es que me pudieran robar mucho, porque siempre andaba sin varo, pero daba coraje. Mi pasado era un prángana, como lo es nuestro futuro. Sí, porque los políticos y los gobiernos nos han esquilmado y nos siguen aplicando sus estafas maestras. Así ha sido, así seguirá siendo. “Ando bien prángana”, le comentaba a mi amigo Paco y él me respondía que “ya somos dos”. Estábamos en el segundo año de la universidad y las cosas no pintaban nada bien. Otra devaluación y un nuevo presidente con las promesas de siempre. En realidad éramos millones de pránganas. Como ahora, como siempre. Éramos millones de pránganas. Y lo seguimos siendo. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Estamos condenados a los silencios

Manual para canallas - Estamos condenados a los silencios
Ilustración: Oscar Altamirano Reyes


Tuvimos una infancia de tempestades y no vino a salvarnos el Capitán Trueno. Tuvimos lágrimas a escondidas. Tuvimos miedo y monstruos bajo la cama.


Un niño está condenado a los silencios. Hoy llora, pregunta por su mamá. Ella no está, no regresará. El pequeño no sabe, no intuye, que su madre no volverá a mirarlo ni a envolverlo en sus brazos. Aquel niño está condenado a los silencios: al silencio de su madre, que murió de forma violenta. Al silencio de las autoridades, que nunca tienen respuestas. Al silencio de una sociedad que ya no se alarma con nada. Al silencio de las cifras oficiales, pese a que los feminicidios crecen con saña inaudita. Ese niño está condenado a sus propios silencios, porque crecerá golpeado por la ausencia de su madre y no encontrará respuestas a sus miedos, a sus inseguridades, a tantas y tantas preguntas que se hará con el paso de los años. Un niño está condenado a su timidez y a sus lágrimas en silencio. Mientras una jauría de chacales recorren las calles. Mientras las madres intentan regresar sanas a casa. Mientras las jóvenes mueren en esta tierra quemada de hogueras clandestinas. Mientras los hijoeputas sacian sus bajos instintos. Mientras los políticos ensucian las elecciones. Mientras los gobernadores esquilman el presupuesto. Mientras los presidentes sonríen para la foto. Mientras los asesinos se miran en el espejo sin el menor asomo de culpa. Un niño crecerá sin los abrazos de su jefa. Una abuela lo cuidará entre lágrimas constantes. Una madre no volverá a casa, nunca, nunca más. Y no hay tristeza que se compare con eso. Nos están aniquilando la esperanza. Están cayendo los jóvenes, las madres, el obrero, el jefe de familia y el estudiante. Están cayendo en cada esquina, en la combi o el microbús, en el lote baldío, a plena luz del día o en la boca del lobo. Están cayendo, fulminados, los buenos. Y estamos condenados a los silencios de las cifras oficiales. Estamos condendos a los silencios de los que no saben gobernar. Estamos condenados a los pretextos de los que nos gobernarán, aquí y allá, cada sexenio. En la ciudad y en el estado, en el país. En las calles y en los maizales. Estamos condenados a que nos lleve la chingada, poco a poco, en mensualidades o con un fogonazo en la oscuridad. Mientras nadie dice nada ni escucha nada. Estamos condenados a los silencios. Maldita sea. Mal-di-ta sea.


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jueves, 24 de agosto de 2017

Clientes frecuentes de la crisis

Manual para canallas - Clientes frecuentes de la crisis
Ilustración: Oscar Altamirano Reyes

Sí, igual que tú, también estoy harto de ser cliente frecuente de los que chingan a cada rato. Ya me cansé de ser invisible para las cosas que valen la pena...


No sé si a ti te pase, pero yo ya me harté de que siempre que me retraso en el pago de la luz me llega una notificación que dice algo así como “estimado cliente, le recordamos que usted tiene un adeudo pendiente por la cantidad de...” y siguen con “favor de regularizar su pago”, para evitar “la suspensión del servicio”. Y lo mismo sucede con los recibos del agua, el teléfono y el Internet. Cada fin de mes, cada bimestre, me llegan cartas y recordatorios de que soy su “apreciable cliente”. Yo qué más quisiera que estar al corriente con mis pagos, dejar de recibir misivas tan “amables” para que pase a liquidar lo que debo antes de que me cargue la chingada. Yo qué más quisiera que ordenar mis saldos vencidos, mi situación en el buró de crédito. Y volverme invisible otra vez. Es que la verdad que no es reconfortante llamar la atención sólo porque “usted tiene algo nos pertenece”, que es lo que en realidad dicen esos pinches recordatorios: “queremos nuestro dinero y lo queremos ahora”. Ah, pero todos somos invisibles cuando es fin de quincena o suben el precio del huevo o necesitamos explicaciones del gobierno. Y sí, igual que tú, también estoy harto de ser cliente frecuente de los que chingan a cada rato. Ya me cansé de ser invisible cuando a otros culeros les conviene.


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jueves, 3 de agosto de 2017

Nunca se enamoren de noche

Manual para canallas - Nunca se enamoren de noche

Frank Sinatra sabía de lo que hablaba cuando dijo que "sólo los tontos se enamoran de noche". Y es que la soledad, la desesperación y el alcohol son mala combinación...


Soñé con Jack Nicholson y Frank Sinatra en la barra de un bar, dándole consejos a un tipo, que era yo, con el corazón roto. Frank usaba un smoking blanco, mientras Jack estaba ebrio y despeinado. Y Jack Nicholson no miente cuando dice que en las barras de los bares lloran los hombres blandos y se arreglan los negocios que siempre acaban mal. Pero Jack me lo decía mientras lanzaba una sonrisa a una mujer fatal, al otro extremo de la barra. En algún momento del sueño, Sinatra ponía una canción de la rockola y los tres terminábamos cantando: 

"Nunca, nunca me enamoraría,
me enamoraría de noche. 
Las más guapas siempre mienten
con sus vidas complicadas
y sus mundos de piernas infinitas".