Aquel payaso con alas en los pies

26 febrero 2015

Manual para canallas - Aquel payaso con alas en los pies

Desde que no fumo me he vuelto más huraño, más todo. En general soy un tipo insoportable, pero sin vicios soy peor. Ni yo mismo me aguanto. Me enferma el ruido, la ineptitud, los torpes, los bocinautas en el Metro, los pretextos idiotas, los maleducados. Me pone me malas todo. Sin fumar soy doblemente neurótico.


Sin fumar soy aún más insoportable. Exacto. Soy un neurótico sin nicotina, un cascarrabias, un Gargamel cualquiera que ve Pitufos siempre que se asoma un gato en donde sea. Parece chistoso, acaso un poco simpático el asunto, pero no lo es. Ya de por sí que ni yo me aguanto cuando fumo o cuando bebo un poco. Y ahora que no puedo fumar ni beber alcohol, me estoy poniendo drástico con aquello del mal humor. No es que siempre estuviera de buenas o que fuera yo una orquesta de sonrisas ambulante, pero al menos era tenía mis momentos de optimismo. Lo que pasa es que me está alcanzando la edad. No sé quién lo mencionó alguna vez, algún poeta poco valorado o un filósofo de masas, pero es muy cierta aquella frase de “siempre fui precoz. A mí la crisis de los 40 me llegó a los 35”. Algo así me sucede con frecuencia, desde hace algunos años, como canta Ariel Roth: 

“La cabeza en la boca del león.
Soy un domador muy poco decidido,
tengo estilo pero soy mal jugador
y el premio de consuelo lo tengo merecido…
Hay días que estoy realmente mal,
hay días que estoy misteriosamente bien.
Se apagó la hoguera de la vanidad,
cenizas en el aire esparciéndose”.

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El desamor es un corazón de cristal

12 febrero 2015

Manual para canallas - El desamor es un corazón de cristal

"El amor es un estado de ánimo en el Facebook. El amor es una canción de moda. El amor eres tú, es ella, es él, son todos esos globos brillantes que venden en cada esquina. El amor es un corazón de cristal hecho añicos".



El amor es un estado de confusión, un comercial de rebajas, un oso de peluche en el Sanborns, una nota suicida, un condón abandonado en la alfombra del hotel. El amor es una adolescente embarazada, un collar de fantasía, un joven colgado en su habitación, los hijos no deseados, un esposo en fuga o una madre soltera que trabaja doble turno. El amor no es otra cosa que un producto de nuestra necesidad: afecto, atención, cariño, compañía, sexo. Y cuando dejamos de tenerlo, el corazón se vuelve cristal resquebrajado. El amor es un estado de ánimo en el Facebook. El amor es una canción de moda. El amor eres tú, es ella, es él, son todos esos globos brillantes que venden en cada esquina de la ciudad. El amor es una epidemia comercial, una docena de rosas al doble de precio, una pareja de adolescentes que hacen planes para toda la vida. El amor es aquel jovencito que se arroja a las vías del Metro. El amor es su ex novia besando otros labios. El amor es un bebé abandonado en la alcantarilla. El amor es una mujer descuartizada al amanecer. El amor es un tipo que mata por celos. El amor es un jodido corazón de cristal hecho añicos.


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Morirse no tiene nada de romántico

05 febrero 2015

Manual para canallas - Morirse no tiene nada de romántico

"La muerte no tiene tintes románticos ni gallardía alguna. Muchos moriremos como si nada, como aves cautivas que aparecen frías y tiesas cualquier mañana".


Mi muerte no tendrá tintes románticos ni gallardía alguna. Caeré como si nada, como un ave cautiva que aparece fría y tiesa cualquier mañana. Eso no tiene nada de romántico, desde luego. Por si las dudas, por si se cruza en mi camino un ladrón de poca monta o por si yo me cruzo en el camino de un conductor ebrio, ya tengo mi epitafio y una pequeña carta en vez de testamento. Tampoco es que pueda heredar gran cosa: mis libros son para mis hijos, los discos y videos para mis hermanos, mis fotos se las dan a mi madre. Y mis textos los pueden recopilar para que ardan junto con mi cuerpo. No quiero que se pongan cursis y coloquen una bandera del Barcelona ni mucho menos una playera del Cruz Azul en mi féretro. Sólo quiero que me deseen buen viaje a dónde quiera que sea mi destino. Mis tres o cuatro amigos se emborracharán y escucharán a Sabina o Fabulosos Cadillacs o Soda Stereo o Caifanes mientras recuerdan que yo era un tipo algo extraño, leal, pero algo extraño. Como sea, ya empiezo a desvariar. Decía que mi muerte será ordinaria y no tendrá tintes épicos, como en algunos de mis sueños. Y mucho menos como la imaginaba cuando era un chiquillo.

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Jarabe para curar la nostalgia

29 enero 2015

Manual para canallas - Jarabe para curar la nostalgia

“Mi infancia era un tendedero, un balón desinflado y una pista de carreras dibujada con tiza en el patio. Mi infancia bendita me aconsejaba travesuras y también ne decía 'date a la fuga' antes de que tu madre te alcance".


La casa de mi infancia ha sido demolida. No sé por qué me preocupa si ni siquiera era mía. Allí vivíamos, ahí pasé algunos años mirando por la ventana, sentado en el quicio de la puerta esperando ver a mi madre dando la vuelta en la esquina como si temiera que la cobardía le atacara por un flanco y la convenciera de que era mejor abandonarnos. La casa de mi infancia, una de las varias en que habité, ya no está en pie. Ese pequeño sitio con un cuarto, una sala-comedor-cocina y un baño insalubre ya fue derruida. En su lugar ahora está un edificio de departamentos algo modernos, demasiado ascépticos. Pasaba por allí el otro día que fui a visitar a unos primos y me di cuenta que el viejo barrio en el que crecí hoy sólo es un álbum de recuerdos. Cambió la escenografía, crecieron los niños, murieron los ancianos y aquellos perros callejeros que eran mis amigos tiraron sus huesos en algún baldío o simplemente desaparecieron en algún basurero. Sí, aquel viejo barrio ya perdió sus costumbres y hoy sólo es un montón de calles y departamentos y plazas comerciales y autos que atropellan a los gatos despistados. Ya no hay terrenos baldíos para improvisar unas porterías y patear un balón. Tampoco está la tienda de doña Lupita, mucho menos la ventanita aquella en la que vendían congeladas de a varo. Debo suponer, porque no me consta, que mis amigos de la niñez ya se han marchado a otros barrios. El Pecas, Verónica, El Monaguillo, Lola, El Popochas y tantos cuatachos que conocí en aquellos días sepa Dios dónde andarán, si serán felices, si me recordarán de vez en cuando.


Cuando los silencios son una plaga

19 junio 2014

Manual para canallas - Cuando los silencios son una plaga


Cuando las dudas te carcomen y te asfixian los nervios porque no te rinde la quincena, quisieras llegar a casa y encontrar algo de solidaridad. Pero tu “amor” está de peor humor que tú y entonces te das cuenta que un maniquí de Suburbia sería mejor compañía...


Como lo hacen ciertas mujeres que crecieron viendo dramas, Mariela quería salir en la televisión. Ella era compañera de mi hermano en un taller de teatro y la conocí en un cóctel que hicieron para celebrar una puesta en escena. 

“Me gusta la manera en que escribes, está tan llena de pasión” o algo así me dijo. 

Yo venía saliendo de una relación muy conflictiva y no caí en el juego de los halagos. Sólo agradecí y me marché tras tomarme dos copas de vino blanco. Un par de meses después me mandó decir con mi hermano que me esperaba en su fiesta de cumpleaños. Como no me interesó, Claudio me insistió un par de veces. 

“Creo que le gustas, porque siempre me pregunta por ti”, aclaró mi carnal. 

Yo tenía dos opciones: o me iba a beber con mis amigos al lugar de siempre o acudía a la reunión de Mariela, así que opté por esto último. De pronto me da por traicionar a mis rutinas.