Ángeles en huelga de hambre

23 abril 2015

Manual para canallas - Ángeles en huelga de hambre


Los aretes de mi madre están en una casa de empeño o malvendidos como pedacería de oro. Tu celular robado ahora se revende en una esquina. Son las señales de estos tiempos putrefactos. Y los ángeles guardianes parece que andan en huelga de hambre...



Mi madre caminaba por un pasillo del Metro cuando algún malviviente le quitó los aretes de los oídos. Con su andar cansado, bastón en mano, mi madre apenas pudo salir de su azoro y protestar un poco mientras el ladrón se perdía entre la multitud. Nadie hizo nada, nadie podía hacer gran cosa. No es caso aislado. Y uno se siente impotente, con el coraje a flor de labios o como un puñetazo en el estómago. Maldita gente de mierda. Maldito país de ladrones. Un pensionado pierde su capital en una caja de ahorros. Ningún pasajero viaja seguro en el transporte público. Un estudiante es asesinado para robarle el celular. Un cuentahabiente es despojado al salir del cajero. Reniego de esta patria, diría un poeta desempleado. Pero no, patria no es país. Patria es otra cosa. País es un territorio minado, ofertado. Ya lo describe Óscar Chávez: 

“Se vende mi país por todos lados.
La tripa, el corazón y los costales.
Se vende mi país con todo y gente.
Se vende la palabra ‘independiente’.
Se vende mi país y da coraje.
Se vende mi país, es un ultraje.
Se vende mi país y su petróleo…
Se vende su historia y su destino”. 

Lo que no se puede poner a la venta es nuestro orgullo, ni nuestros sueños inconclusos.


Epidemia de tristeza

12 marzo 2015

Manual para canallas - Epidemia de tristeza


La tristeza es contagiosa, por mucho que te laves las manos o uses cubrebocas. La tristeza no es una canción; más bien es una posdata o epitafio que nadie quiere escribir.



Sí, la tristeza es una epidemia. Y no todos sobreviven a ella. Leticia diluyó pastillas para dormir en la leche de sus dos hijos. Ella los mandó a la cama, como siempre y hasta les puso la pijama. Los miró mientras fueron perdiendo el conocimiento, se acurrucó junto a ellos, los acarició con ternura. Eran su adoración y no podría vivir sin ellos, pero tampoco sin el padre de las criaturas. En cuanto dejaron de moverse, sus lágrimas fueron más insistentes. Los sollozos se volvieron incontenibles. Fito era el vivo retrato de su padre y sonreía con el mismo brillo en los ojos. Laurita tenía algo de ambos y a sus 7 años parecía una princesita como de anuncio televisivo. Leticia y Adolfo se conocieron en la universidad. Siempre se gustaron, así que era natural que se volvieran novios. Ella resultó embarazada antes del último año de la carrera, por lo que debió dejar los estudios. Los padres de Adolfo decidieron que debían casarse, porque además la nuera siempre fue encantadora. Siempre los apoyaron en todo, así que él pudo culminar la licenciatura. Desde entonces ya trabajaba en el despacho de su padre. Allí fue donde se enamoró de la secretaria, que era más joven y más hermosa que Leticia. 

El brebaje de tu piel

05 marzo 2015

Manual para canallas - El brebaje de tu piel


Cuando platicas con el espejo no piensas con claridad. Algo debe andar mal: tu autoestima, el caos en tu interior, algún tornillo flojo en la cabeza, tal vez el corazón desolado... 


¿Quién carajos va a saberlo? 

Al menos no yo, que crecí en una familia disfuncional y rodeado de miedos. Yo no sé si he hecho la paz con mi desesperación, pero hace rato que dejé de hablarle al espejo. Ya no lo regaño, ya no le digo “eres un pendejo”, ya no le sonrío con ese gesto retorcido que suelen tener los locos. Será que ya no me carcomen los amores malsanos. Será que ya no bebo como los náufragos. Será que los amores pasados por fin están clasificados alfabéticamente en el archivo muerto. Y yo tan campante releyendo a Mario Benedetti y tratando de volver a escribir con la calma de las mañanas y no con la desesperación de las madrugadas. Yo creo que me ha hecho bien esta marea baja, sin tormentas en el horizonte, el no sentirme como una isla perdida en el mapamundi de los recuerdos. Hace tanto que no hablo con el espejo, que no lo miro con desconfianza ni le sonrío con ese gesto retorcido de los locos. Pero pareciera que siempre llega el diablo a untarte alguna pócima extraña en los ojos y de pronto, en algún insomnio, me observo distinto: como si mi lado malvado me aconsejara estupideces, como si me saliera fuego de los ojos, como si por fin me volviera un lunático de tiempo completo.


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Aquel payaso con alas en los pies

26 febrero 2015

Manual para canallas - Aquel payaso con alas en los pies

Desde que no fumo me he vuelto más huraño, más todo. En general soy un tipo insoportable, pero sin vicios soy peor. Ni yo mismo me aguanto. Me enferma el ruido, la ineptitud, los torpes, los bocinautas en el Metro, los pretextos idiotas, los maleducados. Me pone me malas todo. Sin fumar soy doblemente neurótico.


Sin fumar soy aún más insoportable. Exacto. Soy un neurótico sin nicotina, un cascarrabias, un Gargamel cualquiera que ve Pitufos siempre que se asoma un gato en donde sea. Parece chistoso, acaso un poco simpático el asunto, pero no lo es. Ya de por sí que ni yo me aguanto cuando fumo o cuando bebo un poco. Y ahora que no puedo fumar ni beber alcohol, me estoy poniendo drástico con aquello del mal humor. No es que siempre estuviera de buenas o que fuera yo una orquesta de sonrisas ambulante, pero al menos era tenía mis momentos de optimismo. Lo que pasa es que me está alcanzando la edad. No sé quién lo mencionó alguna vez, algún poeta poco valorado o un filósofo de masas, pero es muy cierta aquella frase de “siempre fui precoz. A mí la crisis de los 40 me llegó a los 35”. Algo así me sucede con frecuencia, desde hace algunos años, como canta Ariel Roth: 

“La cabeza en la boca del león.
Soy un domador muy poco decidido,
tengo estilo pero soy mal jugador
y el premio de consuelo lo tengo merecido…
Hay días que estoy realmente mal,
hay días que estoy misteriosamente bien.
Se apagó la hoguera de la vanidad,
cenizas en el aire esparciéndose”.

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El desamor es un corazón de cristal

12 febrero 2015

Manual para canallas - El desamor es un corazón de cristal

"El amor es un estado de ánimo en el Facebook. El amor es una canción de moda. El amor eres tú, es ella, es él, son todos esos globos brillantes que venden en cada esquina. El amor es un corazón de cristal hecho añicos".



El amor es un estado de confusión, un comercial de rebajas, un oso de peluche en el Sanborns, una nota suicida, un condón abandonado en la alfombra del hotel. El amor es una adolescente embarazada, un collar de fantasía, un joven colgado en su habitación, los hijos no deseados, un esposo en fuga o una madre soltera que trabaja doble turno. El amor no es otra cosa que un producto de nuestra necesidad: afecto, atención, cariño, compañía, sexo. Y cuando dejamos de tenerlo, el corazón se vuelve cristal resquebrajado. El amor es un estado de ánimo en el Facebook. El amor es una canción de moda. El amor eres tú, es ella, es él, son todos esos globos brillantes que venden en cada esquina de la ciudad. El amor es una epidemia comercial, una docena de rosas al doble de precio, una pareja de adolescentes que hacen planes para toda la vida. El amor es aquel jovencito que se arroja a las vías del Metro. El amor es su ex novia besando otros labios. El amor es un bebé abandonado en la alcantarilla. El amor es una mujer descuartizada al amanecer. El amor es un tipo que mata por celos. El amor es un jodido corazón de cristal hecho añicos.


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