Hay que aprender a besar con desesperación, hurgar bajo la ropa y acariciar terciopelos que ciertas mujeres poseen, antes de que el desamor inocule su veneno...
A golpe de desamor, que inocula un veneno de efecto lento, he aprendido con el tiempo que Cupido es bipolar. Un día amanece de buenas y te endosa alguna flecha benévola con fecha de caducidad. Pero hay días en que el muy inestable no se toma su medicamento y te lanza un dardo amargo que te hará la vida miserable, por un tiempo o una eternidad. Todavía recuerdo algún día, no la fecha, pero sí una mañana de esas que parecen tan comunes y corrientes. Yo era un chamaco de primer grado, con mi cabello relamido y mi uniforme impecable, formado en la fila de nuevo ingreso. No sé de qué año hablamos, eso no lo tengo muy claro, porque los días se nos transcurren como si fuera un mero trámite. Quizá era un lunes 3 de septiembre o vete tú a saber qué fecha en el calendario. Lo que sí tengo claro, habitando en mi memoria, es que yo estaba un poco tenso porque así pasa el primer día de clases y no sabes qué clase de maestr@ o de compañer@s te tocarán durante todo un ciclo escolar. No sé si repasaba mentalmente mi lista de útiles o si escuchaba las indicaciones que salían de los altavoces, pero entonces giré la vista a la derecha y vi a la chavita más linda que hasta entonces había observado en mi corta existencia.
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