jueves, 10 de marzo de 2016

Cuando duermes de espaldas a la luna

Manual para canallas - Cuando duermes de espaldas a la luna


El porvenir es un ratón viejo. Así interpretó las cartas aquella mujer que insistió en adivinarme el futuro. Y me advirtió que ni se me ocurriera dormir de espaldas a la luna...

Nunca he creído en tales patrañas como la adivinación, ni en amarres o el típico "alguien te está trabajando, puede ser por envidia o resentimiento". Sin embargo accedí a que la señora me echara el tarot sólo porque me recordó a una comadre de mi jefa que me cuidó cuando yo tenía algo así cómo siete años: Doña Pachis tenía la mirada de los búhos, llena de insomnios y sabiduría, pero su sonrisa estaba contaminada con un rictus de amargura. Por ello es que acepté que la gitana me adivinara el "futuro por venir". Cuando me dijo lo de el "ratón viejo" imaginé una copla infantil o un cuento sobre un abuelo ratón tratando de educar a sus nietos ratoncitos. Pero no, no era tan simple el asunto. "Ten cuidado", prosiguió la tarotista, "una lúgubre sombra te persigue, un luto próximo aletea en el aire". Nunca he sido susceptible a esos vaticinios. Uno se muere y ya, sin fanfarrias ni recapitulaciones de toda tu vida en segundos. No, esto no es Macondo ni hay realismo mágico en eso de morirse. La muerte es llana y vulgar. La muerte es simple y fría, no tiene nada qué ver con catrinas de postal. Ya lo sabía yo, que soy un escéptico recalcitrante. Por eso no le di importancia a eso de "el porvenir es un ratón viejo", hasta que alguien me explicó que ese era el nombre común de las mariposas nocturnas "y están asociadas con "el mal agüero y también la muerte". Con razón la pitonisa se sorprendió cuando yo la miré con cierta sorna cuando dijo ceremoniosamente eso de "aquí veo que el porvenir es un ratón viejo" y luego siguió con eso de "no debes dormir de espalda a la luna, que te puede contagiar el insomnio, un insomnio lleno de fantasmas y deudas del pasado". Patrañas. Le di unas monedas y me largue de allí, dándole la misma importancia que a un bocinauta en el Metro.


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jueves, 3 de marzo de 2016

El amor genera intereses y recargos

Manual para canallas - El amor genera intereses y recargos

Mientras los hombres vemos el fútbol o bebemos cerveza, las mujeres están decidiendo si aceptarnos, descartarnos, cambiarnos, matarnos o simplemente abandonarnos...


Sí, Bukowski tiene razón. 

“Al final no importa, hagan lo que hagan ellas, acabaremos locos y solos”. 

Siempre sucede, empiece como empiece la historia. Lo tengo claro. Como en la escena de una mala película, todo inicia con una mujer hermosa y un hombre solitario. Llamé al mesero y le dije que llevara a aquellas dos chicas “lo que estén bebiendo”. El tipo fue a la barra para pedir las bebidas y luego lo vi encaminarse a la mesa de las guapas con dos martinis. Ellas aceptaron y miraron hacia mi mesa cuando él sujeto les comentó, seguramente, “se las manda aquel caballero”. A la distancia yo podía parecer un caballero, desde luego, así que ellas hicieron una señal de aprobación y entonces levanté mi vaso para decirles “salud” con un ademán. Media hora más tarde ya estaba yo sentado con ellas, explicándoles que al parecer un amigo mío me había dejado plantado. La chava guapa comentó algo como “ay, estamos igual, porque mi novio me acaba de avisar que no vendrá, que tiene mucho trabajo”. Lamenté que tuviera novio y por unos instantes traté de ajustar la estrategia para caerle mejor a su amiga, que tampoco era fea. Pero yo siempre me empeño en mis terquedades. Durante un buen rato reímos mucho y platicamos de trivialidades. Cuando Karen se disculpó para ir al baño, su amiga Luzma me preguntó sin rodeos: “¿Te gusta mi amiga, verdad?”. Uhhh, pude mentir y guardar ambas cartas, pero no lo pude resistir: “¿A poco soy tan obvio?”. Luz María se rió y luego comentó que “se te nota a leguas. Pero no te preocupes, a ella le pareces atractivo”. Vaya, respiré aliviado. Me aconsejó que no me detuviera “además su novio es un patán y siempre la deja plantada”. Luego me tuve que chutar los clásicos consejos: “pero por favor, sé lindo con ella, lo que menos necesita en su vida es otro idiota”. Uuuuy, la típica amiga protectora. “Sólo tengo la cara de cínico, porque en realidad soy buena persona”, solté la broma y a ella le hizo un poco de gracia. “No, en serio”, hizo una pausa para voltear al baño, “mi amiga se merece a alguien que la trate bonito”. Justo iba a aclararle que puedo ser un caballero pese a mis defectos, pero entonces regresó Karen con esa sonrisa como faro en la neblina. “¿Todo bien?”, cuestionó al tiempo que yo notaba que se había retocado los labios. Nos emborrachamos un poco, les sugerí que fuéramos a otro lado. Luzma puso de pretexto que tenía que levantarse temprano, así que pedimos la cuenta y salimos. Pregunté a Karen que si quería tomar otra copa. Ella aún traía pila, “pero ¿a dónde vamos?”. Sugerí un barecito en el Centro Histórico “o si lo prefieres vamos a mi casa”. Optó por lo segundo y yo supe que aquella noche el diablo sería el barman en aquella fiesta particular. Y el brillo del deseo se instaló en mis ojos, mientras yo recordaba una canción que contaba que: 

“tus caderas serán mi naufragio,
tus besos mi balsa de madera y
alcanzaremos la frontera
de un océano de sol”. 

De camino a mi casa, ella no escapó a los tópicos: “¿Oye, pero qué vas a pensar de mí” o eso de “no acostumbro hacer esto con desconocidos”. Reí para mis adentros.


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jueves, 25 de febrero de 2016

Si te cuentan que me han visto arrodillado

Manual para canallas - Si te cuentan que me han visto arrodillado

Si te cuentan que por ti no duermo, es una vil mentira. Lo que padezco es un síndrome algo común: no me rinde el presupuesto hasta la próxima quincena...


Si te juran que me han visto con los ojos anegados, yo te juro que te mienten. Yo lo que tengo es arcilla en la mirada, polvo de ladrillo en los lagrimales. Mas no es por ti o por la roca de tu ausencia, sino porque hay demasiados cosas que me quitan el sueño. No, no es la ausencia de tus senos o tus cosenos, sino porque no me cuadran las cuentas. Es la aritmética fría e irrefutable de contabilizar las migajas en los fines de quincena.

Si te cuentan que no duermo, te puedo asegurar que es falacia. Lo que padezco es un síndrome algo extraño, porque no me alcanza el presupuesto hasta el próximo desastre.

Si te dicen que me vieron de rodillas, es tan falso como el amor que aún guardo en el cajón izquierdo. No era yo, quizá me confundieron, o tal vez andaba cumpliendo alguna manda o rezándole a un dios esquizofrénico.

Si te llegan a contar que te enciendo veladoras, desde luego que están muy equivocados. Sólo pasa que tengo manos de cirio, dedos de cera, extremidades de pabilo que están presagiando el incendio venidero.

Si acaso te llegaran a insinuar que ya no soy el mismo, que luzco desmejorado, por supuesto que todos están equivocados. No hablan de mí, sino de la sombra que me acompaña por todos lados y que murmura envidias a mis espaldas.

Si llegase a pasar, por la sinrazón que sea, que te cuenten sobre mí o acerca de lo que alguna vez fui, desde luego que no hay nada más falso. Sigo siendo el mismo, el idéntico maniquí que tiene hielo en los globos oculares. Sí, soy el típico figurín con una flor en la solapa y esa mueca ridícula en temporada de rebajas.