jueves, 2 de noviembre de 2017

Remolinos de polvo y vinagre

Manual para canallas - Remolinos de polvo y vinagre

Si te vas a marchar, espera el invierno. Espera un poco, no te vayas este otoño. No me dejes a la deriva del viento amargo, no me chingues más la tristeza...


Ana tenía remolinos en la mirada, pese a que ella era toda primavera, pero yo soy un pinche necio y no hice caso a las señales del diablo. Al final Ana me dejó el reguero de hojarascas en el pinche corazón que no sirve para un carajo. Lo nuestro era como un remolino de polvo y vinagre. Qué chingados tendrá el otoño. Yo no sé qué diablos pasa con el viento que siempre me ha parecido un musitar sombrío. Y las hojas girando su danza interminable, mientras estos ojos húmedos se ponen a tristear. El otoño y yo no somos compatibles, nunca nos sonreímos, siempre estamos riñendo. No es que haga frío, ni tampoco las humedades que deja la lluvia, tampoco es el sol tímido que se asoma unas horas. No, claro que no es nada de eso. Desde pequeño, cuando era un saltarín que subía a los árboles y correteaba lagartijas, no me llevaba bien con el otoño. Y es que no me gustan sus murmullos, ese viento que se queja al mecer los cachivaches o que me deletrea al oído la palabra me-lan-co-lía. Yo quisiera que ya acabará esta temporada tan propicia para los suicidios, para la muerte de las aves que se derrumban con sus nidos. Cuando era un chavalillo correteaba un balón bajo la lluvia, vagaba sin suéter durante el invierno y caminaba descalzo sobre la hierba de la primavera, pero si algo me perturbaba eran los silbidos del viento de otoño al colarse por mi ventana. Y uno tan escuálido y tan proclive a la tristeza, parecía encontrar mensajes del más allá, de alguna de esas almas que nunca descansan en paz. Con el tiempo fui perdiendo el miedo, pero se me acentuaron las tristezas, se me enmohecieron los recuerdos con tantas tormentas. Algunas veces se nos inundaba la cocina, salía agua de las alcantarillas y cruzábamos la calle con los zapatos anegados y los pantalones con el dobladillo en las rodillas. Por eso no me gustan los otoños, con sus lluvias torrenciales, con sus vientos susurrantes y los remolinos de hojarascas que me perseguían como pequeños demonios vociferantes. Yo no soy un tipo de otoños, me llevo mejor con los inviernos aunque se me partan los labios y pese a que no tenga a quién echar de menos.


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jueves, 19 de octubre de 2017

Canciones para tronarse los dedos

Manual para canallas - Canciones para tronarse los dedos

Hay mujeres que duermen abrazadas a sí mismas. Y cuando apagan la luz se quedan un rato con los ojos abiertos, como descifrando los códigos de los ciegos...


Hay mujeres que se recuestan con la congoja a un costado. Hay mujeres que escuchan canciones mientras se muerden el labio inferior o sienten una opresión en el pecho. Hay mujeres que tienen el consuelo de las canciones. Hay mujeres que se truenan los dedos y musitan conjuros contra el desamor. Hay mujeres que se desnudan mientras un escalofrío les recorre las vértebras y a lo lejos suena un piano y un saxofón recién afinado. Una mujer solloza a solas, rodeada de una jauría de miedos. Una chica desesperada nunca encuentra las salidas de emergencia. Y hay mujeres que suelen jugar con fuego con demasiada frecuencia, sin reparar siquiera en el humo en los ojos y el ardor de las manos.


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jueves, 5 de octubre de 2017

No le busques, no le llames

Manual para canallas - No le busques, no le llames

El desamor es un bicho oscuro y lento que te recorre con paciencia el corazón, que no dudará en clavarte sus tenazas o inocularte todo su veneno...


Esa chica que se mira en el espejo está irreconocible. Los ojos nublados, aquella tormenta en el alma, los vientos de octubre en su cabello. Y lo que no se alcanza a ver son los témpanos de tristeza en su interior, el frío que le recorre la espina dorsal. Y es que el desamor es un bicho oscuro y lento que te recorre con paciencia el corazón, que no dudará en clavarte sus tenazas o inocularte todo su veneno. En aquella habitación todo es un retrato fiel del abandono: cajas de cartón apiladas, ropa amontonada sobre el sofá, una coca de lata sobre la mesa, paredes desnudas y ventanas sin cortinas. Karla se acaba de mudar de departamento y no tiene ganas de arreglar nada. Lleva tres días sin hacer gran cosa. Sólo escucha una y otra vez las mismas canciones que a ella le gustan aunque son demasiado tristes. ¿Por qué es tan cruel el amor?, se pregunta una y otra vez. Karla sólo quiere palabras que le recuerden su miseria, que le aten al dolor, porque siempre ha sido propensa a la depresión. Y no sólo eso, sino que le gusta atormentarse, sentirse patética, como una estúpida. Para colmo de males, no soporta la canción que Leonardo le dejó a manera de posdata, "So Cruel", de U2, con una nota que decía “nunca unas simples palabras fueron tan certeras para describir mi desilusión”. Y se marchó como se va agosto o diciembre, con el viento frío a sus espaldas.