Ya no somos los mismos soñadores, el tiempo nos comió el dobladillo de los pantalones cortos. Desde niños ya jugábamos a escapar de la miseria...
Muy seguido en mis sueños me veo jugando con mis hermanos, de pequeños. Aunque a veces sueño que me pierdo en el tianguis. Y trato de gritar pero no me escuchan, no sale ni un sonido de mi boca. Y es entonces que abro los ojos para suspirar el infaltable “no mames, sólo fue un mal sueño”. Uno de mis miedos más frecuentes de la infancia era perderme y nunca regresar con mis hermanos. Aunque mi familia es disfuncional, como suele ser habitual en un país como el nuestro, agobiado por las deudas más comunes. Pero el más disfuncional soy yo, eso lo tengo bastante claro.


