jueves, 19 de julio de 2018

Préstame tu sueño

Manual para canallas - Préstame tu sueño

Somos como esas aves que caen en las banquetas, debido a la maldita contaminación o porque todavía no inventan un anticongelante para el alma...


Siempre he sido un domador inútil y también el león domesticado. Soy un idiota recurrente, un libro sin prólogo ni final. Y estoy harto de los tipos que he sido. He despilfarrado el sentido común, he malgastado la cordura. Mi bipolaridad ha embargado mi sofá y ronca todo el tiempo. Cada vez me parezco menos al tipo que quiero ser y me convierto en lo peor de mí mismo. Hace tiempo una chica me dijo con desenfado “te pareces al Dr. House”. La miré igual que haría el detective malo en una novela de James Ellroy. “Bueno, pero, umm, no físicamente”, se le atoraron las palabras, “quiero decir, mm, que tu forma de ser es muy parecida”. Supongo que se refería a esa jalada de “brutalmente honesto”, así que traté de ser condescendiente. Sonreí como el detective bueno. “No sé si sea un cumplido o una observación, pero odio las comparaciones”, le expliqué. “Lo que te puedo decir es que el Dr. House es embajador de la paz a mi lado”, traté de que entendiera. Claro, soy sarcástico e idiota, todo junto si quieren, menos un tipo simpático. 


jueves, 31 de mayo de 2018

Las encuestas no hablan de tristezas

Manual para canallas - Las encuestas no hablan de tristezas

La tristeza es un sol que no da tregua. Por desgracia estamos expuestos a ella. En este país podrido hasta los malditos huesos, la tristeza ya llegó a niveles alarmantes...


No sé si esté comprobado científicamente pero el calor, este sol insoportable, es caldo de cultivo para todas las tristezas. Todo empieza durante las noches en vela, con la cabeza girando como ventilador, pensando pendejadas. Y sigue a lo largo del día, con la pereza y las ganas de sentarse a la sombra para maldecir el infierno citadino. No sé si alguna investigación de la Universidad de Berkeley lo ha reflejado, pero creo que el jodido calor acentúa las tristezas y sube el índice de suicidios. No lo sé, pero me lo parece. Porque hay una legión de cabizbajos a punto del colapso. Los he visto en los parques, saliendo de la fábrica, caminando por esta y aquella banqueta, en los andenes del Metro, afuera de mi casa, en el cajero automático, subiendo al microbús, allí donde está el Oxxo, en la fila del cine y hasta delante del espejo. La ciudad está llena de cabizbajos y pareciera que estamos a punto de una epidemia de tristeza. Sí, los veo cada día por las calles, por todos lados, rumiando su tristeza, lamentando su mala suerte, quizá sólo pensativos o tal vez con muchas cosas en la cabeza, pero allí andan de un lado para otro, unos con calma y otros no tanto, hombres y mujeres que parecen ir mirando el suelo mientras desmenuzan aquello que les preocupa o lo que les atormenta. 

jueves, 24 de mayo de 2018

Corazones con forma de cactus

Manual para canallas - Corazones con forma de cactus

Habría que cultivar dardos y regarlos con la amargura de un cupido desempleado, que se tiró al vicio de olvidarte con tequila...


Ella se fue una noche demasiado calurosa. El aire respiraba demasiados infiernos y los gatos se refugiaban en sus propias sombras. Denise me dejó un beso enmarcado en el espejo y la posdata pintada con carmín: "Eres un pendejo". Otra manera de decirme que el día que se fuera me iba a arrepentir. "Tú no sabes ni llover. Eres un desierto inmenso", me reclamó alguna vez que terminamos temporalmente para luego volver a lo mismo. Yo le regalé una canción de Duncan Dhu por WhatsApp: 

"Sin nada casi que decir,
oyendo el ruido del motor. 
¿Te importa si me quedo aquí? 
Hasta siempre, adiós, mi amor. 
Te escribiré adonde estés. 
El sobre irá sin dirección... 
Quisiera ser el que ya fui
y no una sombra tras de ti". 

Hay corazones con forma de cactus, que florecen fugazmente algún verano. Y Denise y yo éramos así: demasiadas espinas alrededor, demasiados pinchazos una y otra vez.


> > >