
Todos conocemos a un “Pelón” a una “Güera” o un “Oso”. A mi hermana la decían “La Chata”, al de los tacos todos lo conocen como “El Paisa” y en la cuadra no falta “El Chacarrón”. Desde chavito estás destinado a llevar un apodo e incluso en tu casa te lo ponen…
Y luego se extrañan de que crezcas con complejos.
A Mario le decían “Negro” desde niño. En la calle, en la escuela, en casa de la abuela todos le decían “Negro” o “Negrito Bimbo”. Claro, también le decían “Maruco” y alguna otra cosa. Él nunca estuvo de acuerdo con muchas cosas, pero cuando se es un niño hay poco margen para protestar. Incluso llegó a pelearse con algunos de su salón porque no le gustaba que le pusieran apodos o simplemente porque necesitaba sacar el coraje. Yo siempre le dije Mario, porque a mí nunca me han gustado los sobrenombres. Y además porque era mi primo y yo lo quería mucho. Luego crecimos, él anduvo por dos o tres ciudades en busca de mejores oportunidades. Nunca terminó la prepa. Trabajó como repartidor a domicilio, obrero, vendedor de seguros y muchos etcéteras. Hasta que puso su propio negocio. Hoy le va mejor que nunca. Pero tiene un gran problema: No se acepta. Siempre se siente incompleto. Cuando se emborracha dice cosas como “yo pago, pinches jodidos” u ofende a los meseros “órale, pinche esclavo, muévete”. Un día le recomendé que no fuera tan grosero con la gente. Su respuesta fue “para que sientan lo que yo sufrí cuando era mesero”. Su autoestima no tiene reparación, está rota, maltrecha, fue bombardeada en exceso.